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jueves, 16 de diciembre de 2010

J. J. y los campaneros


Cada día me gusta más Telecinco
. Sí, claro que es una ironía. Tenía pensado analizar algunos aspectos televisivos pero sin criticar demasiado a una cadena concreta. Pero hoy he sustituido a Pepa Bueno por Pedro Piqueras y me ha surgido una nueva idea de la que hablar mientras tomamos el fresco. ¡Y tan fresco!



La cuestión es el deporte. Cuando el director y presentador de los informativos ha dado paso a J. J. Santos ya han comenzado mal, sacando a relucir el truco de la chaqueta. Se sientan encima y así no aparece ni una arruga; todo estiradito. De inmediato ha empezado a lanzar opiniones sin tapujos y demostrando que es él quien dirige la sección de deportes. Ni neutralidad, ni profesionalidad, ni nada. Opinión y más opinión, tanto en sus intervenciones como en la de los redactores que firman piezas. ¿Es normal que un periodista de informativos cierre con un refrán en el que critica a alguien? No. Así, sin más, le ha colocado una paja en el ojo a Florentino Pérez y una viga a Ramón Calderón. Muy sutil. Y, ¿para qué dar la noticia de que una nadadora española ha conseguido tres medallas en dos días? No, mejor ocupar el valioso tiempo en televisión con unas colas sobre las primas del Real Madrid mientras vemos cómo almuerzan Casillas y Ramos. Luego los premios van para el espacio de Pepa Bueno, ¿por qué será?

La mano derecho de J. J., su prolongación en el césped, es Sara Carbonero, hasta ahora solamente subdirectora de deportes, novia de Íker Casillas, presentadora de los Premios 40 Principales con broma incluida y protagonista de la celebración de la Selección en el Mundial de Sudáfrica. Pues ahora también será campanera, es decir, cogerá el relevo de La Esteban y Jorge Javier, junto a Pilar Rubio y Marta Fernández, frente a la Puerta del Sol en Nochevieja. Veremos cómo se defiende porque sus compañeras son más expertas que ella en sus respectivas ámbitos: espectáculo la primera y seriedad informativa la segunda. Caras nuevas en Telecinco para intentar igualar el 21’2 % de cuota de pantalla del año pasado, su récord de audiencia en este evento. A ver si alcanzan a Igartiburu en TVE, líder indiscutible a la hora de dar la bienvenida al nuevo año y despedir el anterior. José Mota le ayudará a aumentar la renta. Por su parte, Antena 3, Cuatro y La Sexta también han tenido que poner caras nuevas para pillar algún pedacito del pastel.

 


Va a ser cierto eso que me enseñaron de que, si algo funciona, ¿para qué cambiarlo? Con Igartiburu pasa eso en la pública, y ahí sigue. El resto siguen probando nuevas fórmulas cada 31 de diciembre. Lo que no sé es si J. J., Vasile y compañía se piensan que los deportes de su cadena funcionan. Mientras se dan cuenta, yo voy a ver Gran Hermano.

martes, 17 de noviembre de 2009

Sobran jueces


Es suficiente ver la televisión durante un par de horas para darse cuenta de que en este país no dejamos de realizar juicios, con o sin fundamentos legales. Y hay personas que debería tener más cuidado.


Está claro que en la vida diaria, en las actividades cotidianas que requieren relación con otras personas, lo hacemos con frecuencia. Juzgamos a quien tenemos enfrente e, incluso, a quienes se cruzan con nosotros por la calle simplemente por su forma de vestir. Pero no por ello los mandamos a la cárcel; entre las paredes de nuestra casa no tenemos poder ni razones para hacerlo. Sin embargo, en la pequeña pantalla algunos hablan como si estuvieran en su salón. Hoy, por ejemplo, lo ha hecho Pedro Piqueras.


No me gusta criticar a una persona concreta porque no sé exactamente si se ha tratado de un error o algo voluntario; incluso el fallo ha podido ser de otro miembro del equipo de redacción del informativo de Telecinco. El caso es que Piqueras, cuando introducía la noticia sobre el juicio por el asesinato del alcalde de Fago, se ha referido al principal acusado, Santiago Mainar, como “el asesino”. Una de las primeras cosas que me enseñaron en la carrera fue a poner delante la palabra “presunto”. Y también a dejar que el lector/espectador/radioyente sea el que se cree su propia opinión de los hechos que el periodista le transmite de la forma más objetiva posible.

Pero he visto más jueces en los programas televisivos de hoy. En “Las mañanas de Cuatro” también estaban tratando el mismo tema, o casi debería decir, el mismo circo. Porque en parte el juicio que se está celebrando en Huesca es precisamente eso: un espectáculo en el que, solamente en la sala en la que se celebra la vista debe haber más cámaras que en plató de “Sálvame”. Pues bien, Concha García Campoy estaba acompañada por varios periodistas y además, un par de expertos en psicología que analizaban la comunicación no verbal de Mainar. Tras estudiar sus gestos a la hora de declarar han asegurado que son más propios de personas que elaboran los hechos en su cabeza que de aquellas que los recuerdan. Es decir, han dicho claramente que el PRESUNTO asesino ha estado tres años inventándose su declaración y que su mirada perdida y dubitativa confirma que es culpable. Eso sí, después han asegurado que defienden eso de que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Quizá ya era demasiado tarde señores expertos, porque quienes lo estábamos viendo nos hemos creído a pies juntillas su teoría de los gestos.

Así es casi imposible ser objetivos también a la hora de juzgarlos en los tribunales. Los jueces de verdad tienen que ver cómo algunos periodistas y otros muchos expertos en todo usurpan su asiento, y, quieran o no, también deben verse influidos por lo que dicen. La semana pasada se dictó sentencia sobre el caso Nagore, y lo hizo un jurado popular al que se le aisló durante unos días sin televisión, sin Internet, sin acceso a la prensa y sin teléfonos móviles. De todos estos lujos, está claro cuál es el más inofensivo.