martes, 16 de marzo de 2010

El Gordo de Carcaño


Un donante anónimo ofrece un millón de euros a quien dé una pista fiable que lleve a descubrir el cuerpo de Marta del Castillo
, desaparecida en enero del año pasado. Su presunto asesino, Miguel Carcaño, no ha dicho aún la verdad sobre el paradero del cadáver y ahora puede ser el momento.

Según hemos podido saber hoy la intención de quien ofrece tal cantidad de dinero es acabar con el sufrimiento de la familia de Marta, que ya no sabe dónde buscar. Primero se hizo caso a la confesión de Carcaño y se examinó el rió Guadalquivir a su paso por Sevilla. No se encontró nada. Después se buscó en un vertedero sin hallar ninguna pista y más tarde fue la entonces novia de Miguel quien dio otra pista que tampoco ha servido para nada. La familia también ha tenido sus corazonadas sobre dónde podría estar el cuerpo de Marta y lo han buscado hasta con sus propios medios. Todo esto parece el juego de la gallinita ciega en el que los acusados marean a la policía, a los jueces, a la opinión pública y, sobre todo, a los familiares de la joven. Por miedo o por frialdad, no lo sé, pero aún no creen que haya llegado el momento de confesarlo todo. Si un millón de euros hace que la mente calculadora de esos asesinos reaccione será una muy buena inversión.

El abogado al que el donante le ha confiado el dinero asegura que hay muchas posibilidades de que el entorno de Miguel Carcaño o Samuel Benítez, el otro supuesto implicado, acaben llevándose parte de la recompensa. Ellos saben dónde está el cuerpo y quizá alguien más también, así que no sería nada raro que entre ellos o de forma independiente quieran ganar su particular lotería. Si se encuentra el cuerpo habrá caso y serán juzgados, así que directamente no podrán disfrutar del dinero. Seguro que otros lo hacen por ellos.




Ojalá no sea así. Quien tenga información relevante deberá contarla en menos de un mes si quiere recibir la recompensa. Pero fuera de la familia o los amigos más cercanos de los implicados me cuesta pensar que existe gente que sabe dónde está el cuerpo y no ha hablado. Si fuera así, no se merecería tal premio.

lunes, 15 de marzo de 2010

Querido diario,


Entre todos los titulares que inundan las ediciones online de los periódicos generalistas siempre hay algo diferente. Algo diferente a lo que a las tres de la tarde y a las nueve de la noche nos repetirán nuestros colegas de los informativos en televisión. No habla de declaraciones de políticos, por suerte. Tampoco se refiere a Díaz Ferrán ni a otros temas relacionados con la economía. Ni mucho menos nos cuenta quién marcó goles ayer ni como levantó el trofeo Fernando Alonso. Aunque no lo sepamos porque no nos lo ponen bien visible, hay más temas, más historias. Una de ellas ha salido de un diario personal veinticuatro años después de ser descubierto y casi seis décadas después de haber sido escrito.

El titular que nos anuncia esta nueva y a la vez vieja historia es muy pequeño, apenas se percibe en la maraña ordenada de letras e imágenes que inunda la home de Elmundo.es. “Un gallego contra el Holocausto”, se lee. El tema, nada novedoso, pero aún así, interesante a pesar del paso del tiempo. Un clic nos desvela qué tiene de especial esta nueva referencia al régimen nazi y a quienes lucharon contra él. Se trata de un libro que ha salido al mercado para desvelar otra de tantas y tantas vidas que quedaron marcadas antes, durante y después de la II Guerra Mundial en toda Europa. Patricia Martínez de Vicente, su autora, cuenta en esas páginas cómo ayudó su padre, Lalo Martínez, a escapar a numerosos presos, checos y polacos generalmente, detenidos en un campo de concentración español durante el franquismo. Ese es el resumen básico, lo que ya se ha contado en reseñas publicadas en distintos medios y en la Web de la editorial que lo ha sacado a la luz, La Esfera de los Libros. En ella podemos leer los primeros párrafos en los que, a modo de introducción, la escritora narra el descubrimiento del diario de su padre y cómo buscó durante décadas dar sentido a todo lo que en él se había explicado.

Esta historia nos hace pensar una vez más en el valor de las palabras, aún cuando un entorno de represión impide sacarlas a la luz de cualquier forma. Los diarios personales nunca han sido del todo privados porque, tarde o temprano, sus páginas acaban siendo leídas. Aún así, parecen ser una fuente inagotable de visiones y versiones de la historia que de otra manera no habrían podido ser contadas. Ya ocurrió con el que escribía Ana Frank mientras permanecía escondida de la persecución nazi con su familia judía en Ámsterdam. En ese caso no había claves, ni nombres comprometedores, ni planes secretos para burlar al enemigo alemán. Pero había una historia, una familia que, como las de los presos que salvó Lalo Martínez, sufrieron la represión tantas veces contada.

De este nuevo libro me sorprende el título, “La clave Embassy”. No porque no tenga nada que ver con la historia, porque en el salón de té del mismo nombre se fraguaban los planes de Lalo y sus compañeros. En mi opinión, es poco llamativo, sobre todo para los lectores españoles. Solamente suena a novela negra, a misterio. Si alguien que mire su portada en una librería sin detenerse demasiado y además no es de Madrid y no conoce este establecimiento que aún existe, ni se imagina de qué puede tratar. Por suerte o por desgracia, la esvástica que suele acompañar este tipo de publicaciones nos es muy familiar y nos traslada a una época y unos hechos concretos que sí nos pueden hacer coger el libro y analizarlo más detenidamente.



La literatura es lo que tiene. Puede dar a conocer con todo lujo de detalles aquello que permanecía olvidado en una caja de libros viejos y sin valor aparente. Para algunos seguirá sin tenerlo pero se ha escrito para los otros, para quienes nos gusta conocer el pasado y nos gusta descubrir historias tan personales como esos diarios que van un poco más allá de lo que siempre se ha contado.

jueves, 11 de marzo de 2010

Tres años...Hammamet!


Hoy es día de aniversarios
y yo he elegido el más alegre. Todos los medios se hacen eco de los actos conmemorativos del 11-M y recuerdan lo que ocurrió hace seis años en los trenes de Madrid. Sobre el otro sólo podemos hablar unos pocos y yo lo voy a hacer. Hace justo tres años despegó un avión con destino a Túnez cargado de proyectos de periodistas. Ayer unas pocas nos reunimos después de demasiado tiempo y me encargué de recordarles aquel viaje. Imposible no hacerlo.

Como en cualquier excursión de ese tipo, las anécdotas fueron muchas y, al menos para mí, todas buenas. Sería casi imposible reflejarlas todas aquí, en parte porque el tiempo pasa y las menos importantes se han quedado un poco en el olvido. Suerte que las fotografías se encargan de traerlas de nuevo a la memoria y de ponernos una sonrisa en la cara. Tres años después da alegría recordar esos seis días, pero también un poco de pena. La universidad es lo que tiene. Han sido cuatro cursos muy intensos de clases, mixtos huevo, tardes interminables de prácticas y risas, muchas risas. Más de una vez he dicho que hay que aprovechar al máximo cada uno de los momentos que ahí se viven porque luego las cosas cambian. Por suerte lo importante sigue estando ahí y ayer se demostró tortilla en plato.

Los viajes de ecuador y fin de carrera son imprescindibles en la creación de esa memoria universitaria. En 2007 aún nos quedaba mucha vida por delante en la Carlos III, incluso se puede decir que la corta estancia en Túnez nos sirvió un poco para seguir ese camino en Getafe. Yo, por ejemplo, tenía muy claro que no quería hacerlo en camello.




La historia de esta foto es larga y complicada. Bueno, en realidad no tanto, pero el trauma que me causó fue tan grande que no me apetece recordarla....Sólo trasladaré la descripción que hizo de ella en aquella época la dueña de la cámara, la que sale al lado con el pañuelo un poco descolocado en su cabeza y a la que le hizo bastante gracia lo mal que lo estaba pasando yo en ese momento:

“aunk no se pueda percibir.....el camello de Iñaki se empezaba a poner demasiado cariñoso con Pili, y con su animalito tb!!”

Como esta, muchas otras vivencias para recordar: pijamas en el pasillo, carreras por las dunas, siestas en la carretera, sillón y toalla de peces, Chanquete ven a mí, ramazo Hammamet... Al menos yo lo seguiré haciendo con mucha alegría y, repito, algo de pena
también.